
Hace unos días decidí hacerme una Carta Astral. Cuando le platicaba los resultados, mi padre me preguntó para qué me había servido hacerla, qué sentido había en tener esa información. La mejor explicación que me encontré es que leer la interpretación de mi carta había sido como conseguir un espejo para mirarme el culo: hay partes de ti que sabes que están ahí, pero que no necesariamente puedes o quieres ver… Resultó que mi carta fue muy atinada. Todavía la sigo estudiando. Escorpio con ascendente Aries. Parece ser una combinación un tanto complicada. Supongo que ver escrita en papel la descripción de una personalidad muy congruente con mi realidad me hizo sentir un tanto aliviada. Sí, soy muy explosiva; sí, quisiera aprender a quedarme callada y no lastimar; sí, me da por empezar cien cosas a la vez y no terminar ninguna. Y así, punto por punto; que si Júpiter y Venus, que si Marte y Neptuno, poco a poco se fue dibujando un retrato hablado –escrito- que me permitió ver con cierta distancia aspectos de mi persona que generalmente me cuesta ver. Si alguien, persona o programa de computadora, es capaz de establecer de forma tan precisa las características centrales de mi personalidad a partir de unos pocos datos sobre mi nacimiento, entonces pienso que eso que veo es una estructura predeterminada de cualidades, habilidades y defectos con los cuales tendré que seguir enfrentando la vida. Es decir, esas son las potencias con las que enfrento el mundo y las piedras interiores que tengo que saltar para crecer. ¿?
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