Reflexiones femeninas sobre la vida, la muerte, las hijas y demás. Celebración de mis 33 años de vida.


jueves, 29 de mayo de 2008

Otros regresos



Your ships always sailing away while I
stand still and watch
and hear you mourn over a dead love
over a wasted life.
Like a good sibling, like a patient nun
I hear you
while I wonder how deep are your eyes
brown hazel sea let me wander around
come and go
come
kiss me fresh air
kiss me warm tears
and you speak
yes I hear you
keep talking
I’ll feed you
I’ll embrace you
I’ll always wait for you
Just keep going, everyday
so long.

sábado, 24 de mayo de 2008

el regreso


Quiero que me despiertes con un beso
tierno, pausado
que muevas el pelo de mi frente
y me digas despacito que no te vas más
aunque no sea cierto
aunque los dos lo sepamos

No fueron tantos días
pero parecieron años
tanto lodo, tanta memoria
se ha movido para los dos
que ya no recuerdo
si nos conocemos

Tú regresas de cuatro o de catorce
yo empezaba a ser de veintisiete
empezaba a olvidar
que nunca nos dijimos pero actuamos
como si hubiéramos dicho

Contigo pan y tierra,
duelos y risas, amigos y esperanzas.

domingo, 6 de abril de 2008

Nostalgia en un domingo desencantado

Yo nací a principio de los setenta. Crecí escuchando a Silvio, a Inti Illimani, a Mercedes Sosa. Hay canciones que todavía no puedo escuchar sin llorar. Crecí sin tíos de verdad, pero rodeada de tíos y tías que iban y venían de mi casa, crecí yendo de casa en casa pensando que algún día regresaríamos a Casa, al paisito que dejamos y que ya nunca más existió... Crecí soñando sueños ajenos convencida de que eran míos. Sigo creyendo que algunos de esos sueños son míos, sigo soñando yo también con un mundo mejor y más justo para todos, solo que lo sueño con desencanto. Tengo nostalgia de aquellas épocas, cuando generaciones enteras lo daban todo creyendo que el sacrificio valía la pena. Hoy pienso que mucho de lo que se hizo y de lo que se dejó atrás no valió la pena. Parece que hay tanto por hacer aún, y ningún lugar por dónde empezar.

Mamá de la Osa

Hay temas de los que es más difícil hablar... o escribir. Mi hija menor nació con una condición genética poco común. Una patita de un cromosoma de sus genes tiene un pedacito faltante. Esa es la explicación técnica, la explicación breve es que es una niñita diferente a las demás, diferente a su hermana, a sus primas y sus vecinas...
Si la maternidad es en sí misma un evento complicado, ser mamá de un niño diferente lo es más. Para mi ha significado muchas cosas, algunas dolorosas y otras muy felices. Su condición médica no deja de ser motivo de angustias y miedos –entre otras cosas, la Osa tiene una cardiopatía compleja-, al tiempo que la lentitud de su desarrollo me ha dado la oportunidad de disfrutarla como se disfruta una escena amorosa en slow motion. Cada logro sabe a gloria.Nunca se me olvida que yo la pedí a la Osa, tal y como es. En mis romanticismos juveniles pensaba que yo sería lo suficientemente fuerte para criar a un hijo diferente, y que prefería que me lo mandaran a mí que a otra persona que tal vez no le daría el cariño y la atención necesarios. Sobre mi capacidad de quererla no dudo en ningún momento. Lo que a veces me pregunto es si seré lo suficientemente fuerte como para enseñarla a vivir su propia vida, si sabré educarla sin sobreprotegerla, si podré ver cómo se cae y aprende a levantarse por sus propios medios.