
Abuela, Santiago sin ti parece una neblina, una tarde brumosa... un sinsentido absurdo. Tengo rabia porque no me esperaste (hoy escuché que Dios se ríe de nuestros planes). Tengo rabia porque a mí nadie se me había muerto y no hay nada tan distante como un dolor ajeno. Tengo rabia, pues, de la soledad que vino con la noticia de tu muerte... parece que todos se fueron.
Ya no creo en las coincidencias, empiezo a creer en las lecciones de la vida: tengo que aprender a ser fuerte y mesurada frente a mis hijas pero por dentro hay una montaña que se rompe mientras intento detenerla con cinta adhesiva.
2 comentarios:
Hola preciosa:
La muerte es algo imposible de detener, doloroso pero hay que aceptarlo, tarde o temprano hay que hacerlo. Creo que lo mejor es vivir con naturalidad, no pasa nada porque tus hijas o tu familia te vea afectadad, es lo más natural del mundo.
Un beso y a cuidarse mucho =)
¡Ánimo!
Lina bonita,
coincido copletamente con La Mujer Sonriente: no pasa nada porque tus hijas o tu familia te vea afectada, es lo más natural del mundo.
La verdadera fortaleza quizas radique en saber enseñarles a tus hijas a vivir nuestra vulnerabilidad de una manera sana y no reprimida, aunque halla que seguir operando. Eso es ser fuerte: abrazar la vida aun cuando caigamos de rodillas por el dolor.
muchos cariños apaches
Publicar un comentario