Reflexiones femeninas sobre la vida, la muerte, las hijas y demás. Celebración de mis 33 años de vida.


miércoles, 20 de diciembre de 2006

Carta a mi padre

“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”
(Confucio, 500 a.C.)
Se acerca la Navidad. Hasta hoy, en mi rol de madre, no le había encontrado ningún sentido a esta fiesta que no fueran los polos de la celebración religiosa (que no comparto) o la celebración del marketing (que comparto a pesar mío). ¿Qué significado darle a estas fechas, sobre todo para explicárselo a mis hijas? ¿Cómo hacerles ver que podemos celebrar algo más que la compra e intercambio de regalos?
Escuchando un programa de radio, entendí que el gran significado de la Navidad para mí puede ser verla como una época para perdonar. No parece fácil, pero seguro que vale la pena... Así que ya mismo empiezo, y empiezo por mi gran dolor: la relación con mi padre.

Carta a mi padre:
Hoy te perdono por no saber qué hacer con tu enojo y no enseñarme a lidiar con el mío.
Te perdono por no darte cuenta que los hijos traen al mundo una oportunidad para aprender; por no darte cuenta que yo era tu oportunidad para aprender.
Te perdono por enseñarme a confrontar en vez de enseñarme a dialogar.
Te perdono porque hoy ya sé que desquitar el enojo con una niña pequeña deja un mal sabor de boca, deja culpa y corrompe el corazón.
Te perdono por creer que los gritos eran solo un medio, porque al final los gritos acaban siendo el mensaje y lo demás se olvida.
Te perdono por haber construido una barrera de enconos, que nos ha impedido compartir la vida que tenemos dentro.
Te perdono porque he aprendido que no puedo pasar 33 años solo quejándome de lo que hiciste o dejaste de hacer. Porque me corresponde empezar a mí un nuevo camino. Porque mis hijas han sido el pretexto para querer hacer las cosas de otro modo. Porque asumo la responsabilidad de darles un ejemplo diferente.
Te perdono porque te quiero y me quiero.
Te perdono porque así me siento libre...y te acepto.

1 comentario:

La Ley diApache dijo...

Gracias, Amiga, por enseñarme que puedo encender esta velita para alumbrar un camino que a veces me parece tan oscuro...

feliz navidad.